Está de pie, inmóvil bajo el paraguas naranja, su figura compite con las farolas del parque. Sólo es movida por sus pensamientos, escucha como el agua golpea su amparo, el agua es sabia, antigua, nunca miente. En ese lugar todavía recuerda quien es, el olor a tierra mojada detiene el tiempo; aquí es donde ella era valiente, donde acariciaba la inmortalidad y despertaba los sentidos, bajo estos mismos arboles él posó la mano sobre su mejilla por primera vez. Mira al cielo, siente como muere y nace mil veces con cada gota que es golpeada. El dolor es suyo, lo dejará marchar cuando ya no le sea útil, ahora la hace fuerte, calienta su pecho, la mantiene viva, la hace sonreír bajo la lluvia.
Iván Sánchez
2 comentarios:
una imagen perfecta, no dejas de sorprenderme Ivan
que talento por favor, eres un escritor muy hábil
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