
Volaban tus besos rojos a la velocidad del deseo por mi garganta, se secaba la luna y se humedecía tu cuerpo, que brillaba como mil soles. Elegimos una sola noche para vivirla toda una vida.
Tu piel se rizaba en el crepuscular naranja de mis pupilas, que fuego el de tus pechos que evaporaban mi sudor. Reventar contra tu boca era como morir, mientras mis manos interpretaban cada uno de tus gestos, imitando los movimientos de la llama de una vela, la noche se hizo corta entre tus largas piernas.
Tu respiración agitada y dilatada dibujaba en mi pecho palabras en forma de lágrimas, mientras yo te contemplaba desde abajo (desde el mas bello infierno), meciéndote como una rama de olivo. Qué tenían tus caderas que arremetían contra las mías como el mar contra un solitario velero, me “condenabas” a un mundo sin límites ni razón.
Se detuvo el sueño, y el insomnio se convirtió en mi mejor arma, así ingrávido sobre tu cuerpo, supe lo que era la inmortalidad. El quejumbroso sonido de tus palabras daban valor a mi alma, no sabía lo que era el miedo entre tus muslos que escondían tus veintiocho mejores primaveras. Fue como explotar para después recomponerse en un susurro, o en un silencio… en eco de las sabanas expulsadas del tálamo.
Esa noche caíste descendiste del cielo a mis brazos y rompimos la vulgaridad de este mundo. Esa noche pusimos a prueba la carne, lo cerca que está el placer del pecado. Esa noche se estremeció el almendro y el manzano. Esa noche te amé hasta olvidar mi nombre.
… …
2 comentarios:
vaya vaya ;)
tienes una manera muy bella de expresar una noche de pasión, es doblemente bello.
ya veo que te sientes cómodo escribiendo de estos temas, lo hacer muy bien, es tan sugerente y apetecible
bss
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