
Cuidad el jardín de las heladas, mantened a salvo los cerezos y el corazón del duro invierno. Y que la noche no os duela... que no duela, que se extienda tibia, hermosa e infinita. Pues son tan duros los despertares sin un perfume de mujer revoloteando, que se nos hace necesario (vital) tender la mano a quién lo necesite, y amarrar bien el odio y la envidia, con un nudo de dos lazos.
Y así venceréis el cansancio de los días pasados, la incertidumbre de los que vendrán. Pues esto es la aventura de estar vivos (porque seguimos vivos) a pesar de tantas y tantas cosas, naceremos una mañana más para pelear, caer y levantarnos. Os aseguro amigos míos, que los días que nos quedan, serán memorables.
Recordad bien quienes sois, de donde venís, quien os ama. Recordad abrazar a mamá y tomar mucho calcio, son las dos cosas que os mantendrán en pie.
No temáis el fracaso ni a la sangre, aprender de cada derrota, pues que son las derrotas si no futuras victorias. Y las heridas, bueno, digamos que las cicatrices nos recuerdan lo frágil que es la vida, y lo mucho que merece la pena vivirla.
Iván Sánchez.
4 comentarios:
qué es la vida si no un largo y hermoso camino, hasta encontrar un bonito árbol en el que descansar...
Sabios consejos, sobre todo la última frase me viene que ni pintada. Se va con tanta prisa a veces que no se acuerda de estas cosas. Y de pronto te paras a pensar en ellas y las preocupaciones se minimizan. Al menos a mi me ocurre.
Saludos!!
Voy a hacer de este escrito mi mantra. Porque a veces (y más con la que está cayendo) es muy fácil caer en el pesimismo pero como bien dices "los días que nos quedan serán memorables". Me quedo con eso! Si hoy fuese nuestro último día... ¿estariamos haciendo lo que estamos haciendo ahora?
Un placer leerte, siempre.
gracias Monik... muchas gracias
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