
Señor del bosque, tú que respiras eternidad desafiando al tiempo, tú que te mantienes firme e incorrupto aleccionando a los hombres. Serán tus lágrimas de otoño las que yo guarde como pergaminos sagrados.
Puede que últimamente
pase demasiado tiempo
entre acuarelas vivas,
quizás intuya
que por esas sendas
alcanzare al niño
que corre tanto y tanto…
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