Cajas de música (o cajitas), viento del norte en una hoja en blanco, un verde imposible, y cosquillas en la punta de la nariz, es todo lo que necesito para cruzar al otro lado… a tu lado. He pensado en ti, durante estos últimos años, y sigo sin recordar tu bonito nombre, creo que empezaba donde termina el mío, o donde comenzaba la mañana. El caso es que me gusta tanto paladearlo en las noches de invierno, que se me olvida olvidarte.
Este es mi reino, aquí es donde gobiernan mis dedos, donde someto a las palabras testarudas (“por qué, puede ser”) y destierro aquellas que no me gustan (adiós, pena, olvido) pero sigue siendo un reino sin princesa en el jardín, y sin sus ojos de mar en calma. Me faltan tus manos de duende endemoniado, la furia de tu vientre, la gloria de un despertar en tu pecho.
Me hago viejo y todo envejece a mi lado, por qué no vienes a verme, puede ser que tu olvido sea más fuerte que el mío, tanto hace ya de nuestro último adiós, que la pena me come la felicidad.
Pero recuerdo bien como mentir, y sé que puedo ser feliz sin ti, al menos durante otros treinta años más.
Iván Sánchez
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